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Los mitos del green computing

Es muy probable que últimamente haya escuchado con mayor frecuencia términos como calentamiento global, cambio climático, emisiones contaminantes, generación de carbono, uso eficiente de la electricidad, etcétera. Recuerdo que desde finales de los ochentas se hablaba con insistencia del famoso agujero de la capa de ozono; desde entonces se anticipaba un mega desastre ecológico, amén de aterrarnos con la idea de que muriéramos achicharrados si esa capa protectora desaparecía. Hoy es evidente nuestra preocupación por los fenómenos climáticos que vivimos en carne propia. Se nos pide actuar y tomar conciencia, pero ¿realmente lo hacemos? Ahora el dedo acusador apunta también a las empresas, sus centros de datos, computadoras y recursos de los cuales han aprendido a depender desde que las TI se arraigaron en su negocio. Si uno escudriña un poco, encontrará un sinnúmero de información y estadísticas sobre cómo éstos están impactando el deterioro ambiental. Para muestra: la cantidad de energía que consumen los ventiladores y otros componentes de enfriamiento representa alrededor de 60-70 por ciento del consumo total de un centro de datos; en India, por ejemplo, cada año se generan alrededor de 146,180 toneladas de desperdicio “electrónico”; mientras que una oficina con 15 computadoras personales genera la misma cantidad de emisiones de carbón que un auto mediano cada año. Para contrarrestar los efectos que las TI están teniendo en el clima global, surgió no hace mucho el concepto de green computing. Existen dos razones por las que las empresas lo adopten: para reducir los costos del consumo de energía y disminuir las emisiones de carbono. La primera tiene un impacto directo en las ganancias del negocio; la segunda no necesariamente garantizaría la reducción de costos. Por otro lado, crece el número de proveedores que venden sus productos como soluciones green para atraer más clientes – como lo hace la industria de los alimentos al añadir la palabra light. Podría pensarse que se está creando mayor conciencia y que se está haciendo algo para tratar de enmendar el daño que se ha hecho al planeta. Sin embargo, más valdría no dejarse engañar por las apariencias. Un reciente estudio realizado por el Carbon Disclosure Project asegura que el término green no ha sido de gran ayuda ya que ha dificultado a las empresas implementar políticas para reducir sus emisiones de carbono; esto es que si bien introduce a los consumidores y empleados a temas ambientales, es muy vago en términos generales y carece de las definiciones necesarias para gestionar la emisión de carbono y otros gases de efecto invernadero. Además, añade, es difícil medir dichas emisiones y no hay un estándar aún para hacerlo. Por otro lado, en una encuesta realizada por Vanson Bourne, producida por Genesys, revela que las empresas no están haciendo mucho en este rubro. Sólo una tercera parte de las organizaciones entrevistadas habían tomado acciones para reducir sus emisiones de carbono; poco más de 30 por ciento aceptaron hacer avances lentos hacia la adopción de políticas verdes; en tanto, 25 por ciento creía que los costos se elevarían si se adoptaran dichas políticas frente a 37 por ciento que pensaba lo contrario. Para muchos CIOs el green computing no figura en sus prioridades. No están interesados en hablar del tema y no buscan formas de reducir su consumo de energía ni compartir sus mejores prácticas (si las tienen). Antes el verde era para ellos el color del dinero, hoy, un dolor de cabeza. Les preocupa más el impacto que pudiera tener la desaceleración económica, elevar los ingresos de su empresa y superar a su competencia. Hasta ahora parece que los más interesados son los proveedores de equipo e infraestructura, quienes también utilizan lo green como herramienta de marketing. Y no será hasta que haya estándares y métricas bien establecidos , y hasta obligatorios, que las empresas implementen procesos amigables con el ambiente.