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Puro teatro

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El mercado de la banca móvil es aún muy incipiente, y como muchas nuevas tecnologías, aún se enfrentan a la resistencia de los usuarios debido, principalmente, a razones de seguridad. De acuerdo con el Índice de Seguridad de Unisys, para el que se entrevistó a 13,296 usuarios de celulares en 14 países, 71 por ciento de ellos dijo que ni siquiera consideraría realizar transacciones o hacer compras a través de un dispositivo móvil debido a que no confían en la seguridad involucrada. Menos de 10 por ciento de los encuestados utilizan actualmente algún dispositivo móvil para realizar transferencias, pagos a tarjetas de crédito y depósitos. Un porcentaje muy pequeño si se compara con el crecimiento exponencial de usuarios de teléfonos celulares y el avance de las tecnologías móviles. Las compañías de telecomunicaciones, los negocios en línea y las instituciones financieras están haciendo su trabajo para atraer a más usuarios hacia estos servicios. Pero, ¿lo están logrando? No conmigo. Y créame que me urge tener el servicio de banca móvil para no tener que depender de tener una computadora libre de spyware y con el software de seguridad provisto por mi banco para evitar el robo de contraseñas. Cuando me ofrecieron cambiar la tarjeta SIM de mi teléfono para tener acceso virtualmente ubicuo a mi cuenta bancaria, me entusiasmé tanto que fui corriendo a mi sucursal. Recibí un sobre con las instrucciones para dar de baja la tarjeta anterior y dar de alta la nueva que se incluía, y seguí al pie de la letra cada paso descrito. No pasó mucho tiempo para que mi compañía celular me notificara que ya podía utilizar mi teléfono para navegar por el sitio de mi banco. Ahora sólo faltaba darme de alta con la clave de acceso que me enviarían, elegir mi contraseña y ¡listo! Pero la clave dichosa clave nunca llegó. Después de llamar a un ejecutivo para ver qué sucedía, hizo algo en su sistema para que me enviaran la clave; una vez que la tuve en mi buzón de mensajes de mi teléfono, hice el intento de darme de alta no sé cuantas veces sin éxito. Desde la imposibilidad de establecer conexión con el servidor bancario, hasta mensajes de error (identificados como 6F02) y otros más que decían que el usuario estaba dando de alta ya existía. Pero seguía sin poder tener acceso. “Hay que cancelar la tarjeta SIM para iniciar otra vez el proceso”, me dijo el ejecutivo cuando respondió finalmente a mis llamadas. Esto implicaba cancelar la anterior y activar una nueva, cosa que hice con cierto desgano. Después de repetir todos los pasos de rigor, me dispuse a darme de alta una vez. Fue inútil. Decidí dejarlo por la paz y volver a utilizar mi computadora como mi sucursal virtual. No me disgusta, pues lo he hecho por años, pero la verdad me emocionaba llevar mi banco en la bolsa y estaba dispuesto a ser de ese 10% de usuarios que confían en la seguridad móvil del que habla la encuesta de Unisys. Lo peor del caso es que recibo mensajes de texto que me piden recomendar el servicio a mis amigos, con lo que tendría la oportunidad de ganar boletos para ver el musical Mamma Mia y muchos premios más. ¿Y a mí quién me recomienda un buen servicio de banca móvil? Aún no quito el dedo del renglón…

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