La nueva generación de antenas viene en aerosol

Los dispositivos conectados que permiten el intercambio de datos entre máquinas, multiplican su presencia y sus ámbitos de actuación tanto en el mundo de consumo final como de las empresas. A los usos originales se les han ido añadiendo nuevas utilidades, a medida que la investigación en el campo del Internet de las Cosas avanza y surgen proyectos para aplicarlo a distintos escenarios. Pero, ¿cómo lograr que las antenas que deben facilitar esas conexiones se integren de forma uniforme y sin fisuras con los elementos IoT, a menudo cambiantes?

Esta es la pregunta a la que está buscando respuesta un grupo de investigadores de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Drexel, en Filadelfia, Pensilvania. Para estos, la respuesta podría estar en un espray. Ni más ni menos.

Estos investigadores acaban de publicar su último descubrimiento: antenas rociables. Se trata de un proyecto en el que, según uno de sus coautores, hay un gran potencial.

Se basan en un material metálico bidimensional, llamado MXene, que se puede rociar. Entrando en detalle, desde Drexel explican que el MXene es un carburo de titanio que puede disolverse en agua, creando así una tinta.

Este material tiene una extraordinaria conductividad con lo que, al pulverizarlo sobre una superficie, se podría transmitir y dirigir ondas de radio. Incluso si la base sobre la que se aplica es especialmente fina: en las investigaciones realizadas hasta la fecha, se ha estudiado cómo antenas rociadas de un espesor de decenas de nanómetros conseguían comunicarse de manera eficiente.

El material funciona del mismo modo que el empleado en otros aparatos, como dispositivos móviles o enrutadores inalámbricos. Así, se minimiza la infraestructura necesaria y se facilita el despliegue de redes en zonas a las que antes era más complicado llegar, ya que, según el grupo, se puede literalmente rociar una antena en un sustrato flexible y que sea ópticamente transparente.

Por el momento, se ha probado en un sustrato áspero y otro suave, el papel de celulosa y láminas de tereftalato de polietileno, pero esperan probarlo en otros como vidrio, hilo o piel. De probarse su desarrollo a nivel industrial, el descubrimiento supondría un gran avance a la hora de la expansión del IoT y la conectividad.