Inteligencia Artificial y RV cambiarán nuestra visión de las culturas antiguas

Realidad Virtual, Inteligencia Artificial (IA) y ¿estudios clásicos? no parecen ir juntos. Y no es sólo porque estas disciplinas están separadas por eras; tiene mucho más que ver con la percepción pública. Un arqueólogo sigue desempeñando el papel del adorable y excéntrico ratón de biblioteca o del tipo Indiana Jones, con un Fedora y un látigo, pero definitivamente no pensamos en él como un programador con una computadora portátil y un teléfono inteligente

Debido a que de niño, seguía en el colegio los temas de Egiptología, arqueología y sobre la antigua Grecia y Roma, ahora, de adulto, sigo los temas de Herencia Virtual y Humanidades Digitales con gran interés. Además, estoy bastante seguro de que la realidad aumentada y la IA en la arqueología y la investigación de lenguas antiguas harán posibles nuevos descubrimientos en el futuro cercano, o al menos se asegurará de que un número de personas aún más amplio pueda involucrarse con estas disciplinas.

 

Uso de la Inteligencia Artificial para mayor comprensión de Lenguas antiguas

En la medida en que el pensamiento humano pueda considerarse una herramienta para el procesamiento de la información, será posible transferir este pensamiento a los dispositivos y moldearlo. A través de sus aplicaciones especializadas, la IA sólo puede (aún) funcionar en áreas para las cuales conceptualizamos su uso. Para las computadoras de ajedrez modernas, los oponentes que tienen una calificación Elo de más de 2500 son sólo un calentamiento, pero hacer una simple búsqueda en Google les es imposible.

Y para la IA que esté destinada a analizar un “lenguaje antiguo” únicamente será posible hacer justamente eso. A veces puede ser confuso tener IA a nuestro alrededor, ya que en la mayoría de los casos nadie piensa en llamar a todo “Inteligencia Artificial”. O como dijo John McCarthy, “tan pronto como funciona, ya nadie lo llama IA“. Esto ciertamente no es diferente en egiptología o ciencias similares.

Ahora imaginemos un almacén completo lleno de papiros egipcios que se encuentran completos o sólo en fragmentos, sin contexto adicional. Naturalmente, el personal académico (que a menudo no existe debido a la falta de fondos) podría invertir innumerables horas o utilizar proyectos de colaboración colectiva para intentar organizar, catalogar, leer, interpretar y clasificar lingüísticamente los fragmentos de texto existentes. O bien, un programa de IA podría diseñarse de antemano para esta tarea, que, en base a una ontología predeterminada y temas de comparación apropiados, pueda lograr los resultados deseados mucho más rápido y a sólo una fracción del costo. Porque una vez digitalizado, un corpus se puede utilizar para realizar más investigaciones y realizar estudios lingüísticos que, debido a su complejidad, pueden involucrar a grupos enteros de investigadores.

Volvamos a nuestro ejemplo del almacén lleno de papiros; después de que un programa de IA ha establecido cuáles fragmentos son útiles y se ajustan a los demás, podemos determinar con qué frecuencia ocurre un determinado caso, como el caso del Egipcio Medio, basado en la clasificación lingüística de los caracteres (jeroglíficos en este caso).

Al ampliar la extensión de los pasajes investigados, podríamos obtener una idea de cómo se originó el genitivo dentro del egipcio medio y cómo evolucionó. Por lo tanto, IA puede ayudarnos significativamente a recopilar, traducir y analizar el corpus literario, y no sólo el egipcio, sino incluso el acadio. Y estas no son sólo altas aspiraciones académicas. Si piensa dar un paso adelante, es posible que algún día sea posible que los turistas que visitan Egipto puedan tomar fotografías de jeroglíficos preservados cuando visiten sitios históricos, y tengan las traducciones en sus teléfonos inteligentes de inmediato. El alcance de tal desarrollo conlleva enormes implicaciones, ya que aseguraría que la barrera entre nosotros y estas culturas muy antiguas se desvanezca.

 

Experimentar sitios históricos de primera mano

Estoy convencido de que tecnologías como la IA, Big Data o machine learning nos permitirán interactuar con el legado de las culturas antiguas de maneras diferentes y nuevas. Estaremos en condiciones de experimentar el modo de vida de civilizaciones anteriores.

Una forma factible ya disponible para nosotros es la visualización de templos y tumbas antiguas a través de la realidad virtual.

Estoy convencido de que las imágenes de realidad virtual no sólo te animan a visitar Egipto para ver los sitios históricos, sino que también pueden ayudar a los científicos a visualizar mejor la ubicación y el diseño de ciertas inscripciones concretas, además de otras características.

La arqueología todavía se enseña por medio de fotografías en blanco y negro poco claras. Pero si las comparas con las imágenes de realidad virtual de la famosa cámara funeraria Tutankhamun o de Ramsés VI, entonces uno se da cuenta de lo vívidas y realistas (incluso sin lentes VR) son las impresiones, y cuán claramente se muestran incluso los jeroglíficos reducidos. Por supuesto, las imágenes de realidad virtual nunca podrían ser un reemplazo para una visita a los sitios históricos y excavaciones arqueológicas. Pero puede despertar la curiosidad en la gente para viajar a Egipto y ayudar a los científicos, a través de disponibilizar una representación tangible de lugares que de otro modo se podría visualizarlo como fotografías difusas.

 

Es sólo el comienzo

No estoy afirmando que los “arqueólogos artificiales” (programas de computadoras) puedan operar como cerebros humanos. Tampoco pretendo simularme a mí mismo cuando me dedico a la arqueología, sino más bien crear algo más; en cierto sentido, para expandir la posibilidad humana de alcanzar objetivos predefinidos (más rápido). Me parece una tarea bastante emocionante entender cómo es (o será) posible el comportamiento inteligente en la arqueología. El objetivo no es simular inteligencia, sino plantear preguntas arqueológicas reales (naturales o artificiales). Y creo que ya estamos muy cerca de pisarle los talones, como lo demuestran los muchos proyectos y startups actuales que están activos en este apasionante campo.

 

Por: David Montoya, Director de Paessler Latinoamérica.