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Transporte público urbano sostenible, una necesidad de hoy

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El desarrollo sostenible de las ciudades es vital para el futuro del planeta. Según las previsiones de las Naciones Unidas, el porcentaje de personas que viven en ciudades pasará del 54% en 2014 al 66% en 2050. Se prevé que la población mundial alcanzará la cifra de 9700 millones durante el mismo período. Y esta población demandará movilidad.

El transporte urbano ya causa mucha contaminación y atascos. Solo mejorar la sostenibilidad de la infraestructura de transporte puede garantizar la protección de la ecología, la economía y la calidad de vida de las ciudades del futuro.

Actualmente, el transporte aporta casi un cuarto de las emisiones mundiales de CO2. La mitigación del cambio climático está regulada por tratados, como el Protocolo de Kioto (1997), el Acuerdo de Copenhague (2009) y el Acuerdo de París (2016). Los responsables de la formulación de políticas han convenido que el aumento de la temperatura global media no debe superar en más de 2°C la temperatura global media de la era preindustrial. En teoría, para garantizar una probabilidad del 50% de calentamiento global por debajo de este límite a finales del siglo XXI, las emisiones de CO2 entre 2011 y 2050 deben limitarse a 1100 gigatoneladas.

El reto es enorme. Las emisiones de CO2 atmosféricas potenciales procedentes de la combustión de las reservas de combustibles fósiles existentes sobrepasarían este límite más de tres veces. Hacen falta medidas urgentes de mitigación del cambio climático.

El deseo de muchas ciudades de un aire más limpio es también un cambio motivador. La Unión Europea ha promovido un aire más limpio en las ciudades endureciendo las normas de emisiones de partículas de 0,648 g/km en 1992 (Euro I) a 0,018 g/km en 2013 (Euro VI) para los vehículos en tránsito. Esta tendencia ha mejorado la calidad del aire durante los últimos 20 años y seguirá haciéndolo en los próximos años. Pero para que el transporte público alcance cero emisiones de partículas, hace falta la electrificación total del sistema.Desde una perspectiva global, esta iniciativa de electrificación total del transporte público contribuirá a la mitigación del cambio climático (suponiendo que la red eléctrica disponga de una parte importante de energía renovable en su mix).

El aumento de la urbanización y la población y el tráfico hacen que este movimiento combinado de neutralidad en relación con el carbono y limpieza del aire sea cada vez más urgente. En la actualidad, las ciudades apuestan por el metro, el tranvía y los autobuses eléctricos frente a las autopistas.

 

 

TOSA, el caso de éxito

Una de las ciudades que ha apostado por el uso de nuevos sistemas de movilidad urbana, es  Ginebra (Suiza) quien ha dado un paso importante al  electrificar totalmente su red de transporte público. La línea “TOSA”, ya en funcionamiento, es totalmente eléctrica a pesar de no contar con tendido aéreo. Para recargar las baterías en puntos intermedios de la ruta se emplea la carga “ultrarrápida” o de oportunidad; así se reduce el peso y espacio de las baterías. Además, se acorta el tiempo de recarga al final del trayecto, una ventaja importante en hora punta. La recarga ultrarrápida se realiza de forma segura en solo 15 o 20 segundos, mientras el autobús se detiene para que suban y bajen los viajeros.

La ausencia de tendido aéreo no solo mejora la estética, sino que además ahorra costes de instalación y da flexibilidad a las rutas en caso de obras. También se logran ahorros de mantenimiento, que representan una buena parte de los costes de explotación con infraestructura de tendido aéreo.

Con la tecnología TOSA, los autobuses diésel se pueden sustituir por vehículos eléctricos sin necesidad de tendidos aéreos. La tecnología ya es viable, como demuestra la ciudad de Ginebra. El incremento de la electrificación, en cualquiera de sus formas, es esencial para reducir las emisiones y lograr la neutralidad de carbono en todas las modalidades de transporte.

 

N. de P. ABB Corporate Research

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